Joaquín Fargas

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Fargas Proyectiva

HACIA UNA CREATIVIDAD RESPONSABLE:

Cuatro proyectos de Joaquín Fargas.

ARTE, CIENCIA, TECNOLOGÍA Y ÉTICA

 

Ancilla scienciae est philosophia / Ancilla philosophiae est sciencia:

En nuestro actual horizonte de cultura, saturado de las más diversas crisis contextuales –económicas, ideológicas, políticas, sociales y ecológicas–, el hecho de comprometernos a colaborar en la necesaria concienciación de nuestros conciudadanos, desde el plano de la propia cotidianidad, para transformar nuestras complejas y difíciles relaciones –de uso y abuso– con el entorno natural, es toda una rotunda aventura, cargada de utopía, de ilusiones éticas y preñada de esfuerzos interdisciplinares, de cara al objetivo de hacer nuestro y compartir el arco de experiencias que aglutina estrechamente entre sí opciones artísticas, recursos científicos y estrategias y medios tecnológicos. Tal es, ni más ni menos, la decidida aventura emprendida por un entusiasta investigador, un hábil pedagogo, un irrefrenable soñador de posibilidades y entregas como descubrimos, no sin sorpresa, en la figura del argentino –ciudadano del mundo– Joaquín Fargas (Buenos Aires, 1950).

Si tuviéramos simplemente que etiquetarle –desde una particular faceta englobante, a modo de resumen– en ese plural y activo encuentro de diálogos cruzados entre el arte, la ciencia y la tecnología, en el que precisamente se mueve –nuestro personaje– con soltura, satisfacción y entrega, cabría cualificarle discretamente como un decidido apóstol y defensor de la Bioética, esa irrenunciable charnela de la que máximamente depende, cara al futuro, nuestro universo sobreexplotado, en su encuentro definitivo con el despertar ético, comprometido y responsable de nuestra conciencia personal y colectiva.

Son tantas las facturas / asignaturas pendientes que nuestra auto vapuleada humanidad ha acumulado / suspendido, de forma acelerada, en el último siglo, en comparación al pausado desarrollo de nuestra compartida historia precedente, que ya no podemos, de hecho, pasar de largo, ni hacer más la vista gorda ante cuanto tan intensa y desmedidamente nos afecta. Es necesario, pues, establecer un decisivo y rotundo pacto con la creatividad responsable, ya que efectivamente no todo puede ser considerado válido ni valioso, aunque –tan a menudo– lo contrario nos haya parecido viable, durante demasiado tiempo. No en vano, es imprescindible, operativa y fundadamente, identificar la creatividad con la innovación valiosa, es decir, potenciar máximamente el cruce efectivo de la originalidad con la axiología.

Sin duda, en esa compartida coyuntura de compromiso y de responsabilidad ética, a la que reiteradamente nos estamos refiriendo, se mueven los diferentes proyectos potenciados, desde hace tiempo, por el profesor Joaquín Fargas y sus grupos de trabajo del Centro Científico Tecnológico Interactivo (CCTI). Iniciativas participativas, son evidentemente tales propuestas, surgidas, todas ellas, de la reflexión responsable y de la inquietud investigadora, abiertas tanto a los aportes científicos como a las posibilidades artísticas, siempre partiendo comúnmente de bases tecnológicas y de parámetros medioambientales altamente sensibles. Proyectos explicables, sin duda, desde su formación de ingeniero, compartidos con sus sostenibles experiencias artísticas, planificados desde su entrega docente y a partir de sus pesquisas estéticas, siempre contando –eso sí– con sus afanes de transformación y de sostenimiento vitales, de cara a nuestra damnificada sociedad.

Hay mucho, por tanto, de itinerancias peregrinantes en sus persistentes desplazamientos de unos países a otros, mucho también de incansables acciones reflexivas y estrategias didácticas, que le llevan a asumir la emergente cultura crítica como paideia, es decir como elemento intensamente formativo, frente a las nuevas generaciones, que aún tienen y esperamos sigan teniendo –en sus respectivas manos– eficaces y eficientes posibilidades de intervención, desde esos dominios comprometidos y redentores de la Bioética, a los que nos estamos refiriendo.

Las propuestas de Joaquín Fargas no se alinean ni se alistan, sin más, con opciones espectaculares, propias y habituales de la sospechosa estética difusa, capaz de convertirse en la guinda manipulada y dócil de la acción política, en sus siempre monumentales afanes de atracciones y de escenografías, nada gratuitas, dependientes del poder explícito e identificados con decorativismos a ultranza. No, ni mucho menos. Sus trabajos –por cuanto conocemos– no viajan por tales caminos de espectáculos encadenados, satisfechos y serviles. Más bien sus ideas y proyectos se afilian, en efecto, a lo que podríamos reconocer directamente como estéticas de compromiso y de transformación. Su perfil combinado es, a la vez, el del artista –en cuanto profeta– y el del científico –como persistente mensajero de aplicaciones consistentes–. De la unión creativa de ambas bisagras, cabe pues esperarlo casi todo, a golpes de concienciación y de cautelas: desde el más mínimo detalle de una versátil instalación didáctica infantil, convertida en taller de experiencias compartidas, con todas sus concreciones y especificidades, hasta la pormenorizada selección de imágenes impactantes en sus directos reproches y avisos reiterados a favor de la sostenibilidad presente y futura, que nos sigue atosigando con sus amenazas frente al status quo que nos circunda.

Hemos tomado nota, incluso, de que, en su versatilidad, es capaz de adaptarse –el profesor Joaquín Fargas– perfectamente y por igual tanto a un espacio galerístico, en su exposición de proyectos, como lo puede hacer asimismo a la programación de un determinado seminario; puede entregarse, con radicalizado entusiasmo, a la programación minuciosa de un taller o a la preparación una sólida conferencia de compartidos conocimientos; se entusiasma con una experimentación rigurosa o hace lo propio con el desarrollo, sobre la marcha, de una grabación documental, pensando ya en sus posteriores funciones y contrapruebas. Homo doctus in se semper divitias habet. (Phaedrus 4, 21). Y una cadena de estos excelentes ejemplos apuntados son, ni más ni menos, la que constituyen los CUATRO PROYECTOS con los que vamos a encontrarnos directamente en esta llegada suya a Valencia, mostrados y compartidos en la inclasificable, resistente y reconocida Galería O + O, que nos acoge e invita.

Cuatro proyectos –subrayamos– que son la parte visible –ahora y entre nosotros– de este iceberg de posibilidades reflexivas y concretos compromisos, ante una realidad tan dura como urgentemente revisable, que bien podemos detectar en el entorno natural que, en tantos rincones de nuestro mundo, agoniza, mengua y sigue hondamente desvalido, necesitando urgentes transfusiones de vitalidad, de justicia ecológica y depuración ética. Y justamente en tales parámetros y en línea con esos concretos objetivos se mueve el CCTI y sus diversas ramificaciones. Nosotros nos vamos a mover zigzagueantemente entre el DESDE y el HASTA…

1.- Desde el PROYECTO BIOSFERA, ejemplar en su inmediatez metafórica,  motivador en sus didácticas esferas, donde la vida se refugia efectivamente, con afanes pedagógicos, de cara al visitante, con sus diversas adecuaciones y modos distintos de instalarse, según tamaños y geometrizaciones dispares. Y lo hace, abordando proximidades inmediatas, de cara al ciudadano, si se trata de espacios públicos, o frente al visitante, si se opta por abrirlo a una galería de arte. Tiene, pues, mucho de estrategia lúdica, de parábola didáctica, en sus entregas vivenciales. Esferas metafóricas de mil jardines botánicos esparcidos en nuestro entorno.

2.- Hasta el PROYECTO UTOPÍA, impactante en sus mostraciones extraterritoriales, que se materializan –por ejemplo– en sus imágenes delatoras de los hielos descomponiéndose, a marchas forzadas, en la lejana Antártida. La belleza puede también estar, de hecho, tocada ya de muy cerca –a modo de preanuncio– por la muerte. Y, en contrapartida, nos encontraremos asimismo con los “molinos en movimiento”, como un irresistible guiño quijotesco, intentando asegurar, con sus sutiles aspas giratorias, el mantenimiento constante del frio, en dicho entorno, frente a las escenas apocalípticas, surgidas del silencio, en su belleza sublimada. Porque, en efecto, de sublimidad agónica se trata, cuando indiscriminadamente “agonizan”, de manera progresiva, tales entornos. También la ironía mantiene aquí, a contrapelo, su acogimiento revulsivo, inscrito –ni más ni menos– con caracteres utópicos, como anuncia y nos recuerda el mismo título del proyecto.

3.- Desde las teatralizadas representaciones experimentales, surgidas de la aplicación inmediata del PRINCIPIO ESTOCÁSTICO, tan activamente asumido, al hilo de la vida cotidiana –cualquier día en cualquier esquina– como para poder entender, tras ello, fácilmente que el azar es asimismo nuestro más frecuente compañero de viaje. En este marco de nuestra existencia, sometido a constantes probabilidades y a incertidumbres, donde y cuando casi todo puede ser viable y posible, a toque de destino, azar o providencia, según la solapa ideológica de nuestras respectivas entretelas, se instala justamente este proyecto de Joaquín Fargas, de cariz sociológico, referido al comportamiento humano. Realmente el estado del sistema que regula nuestra existencia –observando, por ejemplo, los movimientos, encuentros, relaciones, derivas y desplazamientos que se llevan a cabo en nuestras calles y que podríamos constatar / describir, como voyeurs, desde nuestra ventana– estaría definido tanto por los acontecimientos pre determinables de tal proceso, como por elementos y situaciones aleatorias, dadas en él. Tales son las dos caras de la moneda. La pregunta clave que nos asalta sería: “¿Podemos planificar nuestra vida desde la incertidumbre?” Y sin embargo, a pesar de que el día sigue persistentemente a la noche y que las estaciones se suceden cíclicamente, desde siempre, el azar / es decir el no conocimiento concreto de las cosas, es la clave irrenunciable de nuestra libre albedrío. Los numerosos videos diversos, que se nos ofrecen, en torno a nuestras vidas cotidianas, serían la clave ejemplarizante de tal principio.

4.- Hasta la estrategia del CRÉDITO AMBIENTAL y los JUEGOS DE PARADIGMAS, que nos son planteados estratégicamente como lección reflexiva, adecuada evidentemente a la insostenible situación contemporánea, frente a la que la bioética exige reaccionar y transformar nuestros comportamientos. ¿Por qué no idealizar la existencia de un determinado crédito de uso, frente a la naturaleza, que nos sería asignado al nacer, individualmente, y cuyo agotamiento supondría el límite de nuestras propias posibilidades de subsistencia? Juego, sin duda, arriesgado y cargado de reflexiones, según las distintas coyunturas de la representación que nos enmarca. Igual que, informativamente, la fijación analítica de los distintos niveles de consumo de una vida promedio, se convierte, al hilo del proyecto expuesto, en una palanca de altas consecuencias de reflexión y estudio.

Quid vetat ridentem dicere verum? (Horacio. Satirae, 1, 1, 24). Claro que el juego, la broma, el humor y la ironía –como diría Horacio, desde lejos– pueden ser claves de alto voltaje para la explicación de la verdad, a caballo entre la más rigurosa planificación y la más abierta incertidumbre.

Román de la Calle

–Presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos–

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